Entre talleres, ensayos y generaciones que bailan juntas, la agrupación prepara los corsos desde adentro, con pasión, oficio y memoria compartida.

Detrás del brillo, los bombos y los trajes, el carnaval se construye. Así se vive en La Unquillense, palpita todo el año los corsos de Unquillo desde adentro, entre telas, maquillaje, ensayo y la mística.

En el taller, el vestuario toma forma como una obra colectiva. Cada detalle cuenta y cada mano suma. “Están invitados todos aquellos que tengan ganas de divertirse”, explicó Pablo “Sopa” Icardi, director musical y coordinador general de La Unquillense.

En esta agrupación, el arte y el trabajo van de la mano. Ahí están los colores, las texturas y las ideas que después explotan en la calle.

Pero si hay algo que emociona es la historia que se baila. En la fiesta conviven generaciones: abuela, madre e hija comparten el mismo ritmo y el mismo escenario. Cada una con su rol, con su tiempo y con la decisión común de ser parte. “Lo llevamos en la sangre”, dice Adriana, la mayor de la generación.

Y entre todos, aparece él: Dante, el bailarín más longevo, con 86 años y el carnaval latente. Su presencia es símbolo y emoción pura: “Yo sin La Unquillense, no estaría acá, vivo”.

Así se prepara el carnaval en Unquillo. No solo como una fiesta, sino donde la tradición se comparte.

Por lvwch

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